Álvaro Tarik es Summer Spree.

No cabe duda de que Álvaro Tarik (Muñoz en el Registro Civil) es uno de los mejores creadores de canciones pop de este país. Con una trayectoria que abarca desde el afterpunk iniciático y el pop radiante de los añorados Tarik y la Fábrica de Colores o los destellos de clase, anglófilos y vibrantes de Rufus T, el músico cordobés ha sacado lustre a su colección de teclados para dar a conocer a Summer Spree. Un ente cuya piedra de toque fue el EP ‘Parque Figueroa’ (Club Lento Music, 2017), construido con cuatro canciones que anticipaban la brisa sofisticada, evocadora y mágica que acaricia en cada uno de los cortes de su puesta de largo con ‘Sub Lumine’ (Club Lento Music, 2018). Un elepé que viaja guiado por los ecos del vaporwave, las maneras de crooner electro y ese funk fuera del tiempo que aglutina influencias del ítalo-disco, el house galo y el pop oriental, con las que el autor de ‘Porque es domingo’ sigue haciendo lucir a sus melodías con la camiseta del equipo ganador.

Portada de ‘Sub Lumine’.

La luz de ‘Sub Lumine’ aparece muy filtrada, casi como la de un recuerdo. ¿No crees?

Es una buena observación. La producción es deliberadamente reverberante en casi todos los temas, especialmente en las pistas de voz. Eso le da un aire evocador a muchos pasajes del disco, como una fotografía difuminada que sugiere sueños o recuerdos. Me gusta usar la reverb como un instrumento más, y no como un mero efecto discreto.

Se adivina en este disco cierta nostalgia del pasado, como si este presente (musical) no te acabara de encajar. ¿Me equivoco?

Una contradicción por mi parte, porque no soy persona nostálgica. En lo musical, algunos de los discos que disfrutaba en los 80 o 90 ahora me sonrojan. Estoy muy abierto a lo que se hace en el presente, especialmente fuera de los ámbitos más comerciales, en las escenas del subsuelo, que es donde creo se producen los cambios profundos. Lo cierto es que escuchando a John Maus, Sean Nicholas Savage, Gavin Noir o la mayoría de artistas que hacen vaporwave, future funk y este tipo de corrientes, me doy cuenta de que hay mucha gente joven cuya música está inspirada en el underground de los 80. Recibir esa información de segunda mano sobre los 80 es para mí como un viaje de ida y vuelta, como cuando coges un texto en castellano y usas Google para traducirlo al chino y, de ahí, al castellano otra vez. El resultado puede ser sorprendente. Bendita internet, algo bueno tendrá.

El mundo va demasiado deprisa y con estas canciones parece que has intentado (y conseguido, créeme) que el tiempo se detuviera en los surcos del disco. ¿Consideras que para trascender hay que ser lo más atemporal posible y rehuir las modas y los clichés?

A ver, creo que hay que estar al tanto de las tendencias y, sobre todo, de la época en que vivimos. No sería posible, por ejemplo, escribir poesía hoy como se hacía hace 100 años y esperar reconocimiento con eso, porque el lenguaje poético ha cambiado. Del mismo modo, no tendría sentido ir por ahí vestido como nuestros abuelos, sencillamente porque no va con los tiempos que vivimos. Las modas cambian, y no precisamente por capricho o convención, sino porque los tiempos, las circunstancias, van moldeando el comportamiento y los hábitos de la sociedad. Dicho esto, arrojarse veleidosamente en los brazos de las modas y los clichés sin nada sólido que ofrecer viene, irremediablemente, con fecha de caducidad.

Álvaro Tarik.

Trabajar desde tu habitación, ajeno a las tiranías propias de una banda… ¿Disfrutas de esa libertad o es como un salto sin red?

Me encanta trabajar en casa, sin depender de alquileres de locales de ensayo o de limitaciones de tiempo. Me ayuda a concentrarme exclusivamente en la música, a escoger el arreglo, la ecualización, la tonalidad. Es cierto que a veces echas de menos una opinión en un momento determinado, pero mandar un mp3 con una premezcla a alguien para que te dé su opinión sólo lleva un par de minutos. En cualquier caso, cuando tienes dudas, lo mejor es esperar unos días y volver a escuchar lo que has grabado con los oídos “frescos”. También está la opción de las “estrategias oblicuas” de Brian Eno, o la que me contaba Sean Nicholas Savage, uno de mis artistas favoritos de los últimos tiempos: “Yo me pongo un espejo grande en el estudio de grabación y, si me veo guapo, es que todo está saliendo bien”.

En el disco conviven sonidos extraídos de ordenadores con otros de teclados de añadas gran reserva. ¿Esencial para que el pop de claroscuros que campea en el disco no perdiera vigencia contemporánea?

A todo se le puede sacar provecho. Si tienes una banda de rock, a la hora de grabar necesitarás un buen estudio con microfonía de gama alta, un adecuado diseño acústico del espacio y una gran variedad de marcas de instrumentos y amplificadores. Si sólo tienes un amplificador y un bajo Fender, por ejemplo, vas a estar muy limitado a la hora de cambiar de registro de graves de un tema para otro. Los sintetizadores te dan la ventaja de disponer de muchos sonidos, muchas herramientas para modificarlos y muchas combinaciones entre ellos en un sólo instrumento, aunque también tienes que tener la cabeza fría para no volverte loco. Normalmente, la tecnología exuberante te puede hacer perder el norte si no estás familiarizado con su uso.

A nivel literario predomina la evocación, tanto emocional como paisajística. ¿Algún referente en concreto o lo cotidiano contiene todas las letras que luego puedes exponer en una canción?

Cuando seleccioné las canciones para el disco, me di cuenta de que casi todas hablan de amor o de desamor, No sé, me salió así. Aunque no suelo hablar de mí en mis canciones, más bien imagino personajes. ‘Recuerdo de un fantasma’, por ejemplo, está inspirada en ‘Pálido fuego’, la novela de Nabokov, pero no tiene nada que ver con la historia que cuenta la novela. Simplemente, después de leerla me sentí inspirado para imaginar esas escenas nocturnas y decadentes.

‘La hora más fría’, una balada de piano-bar maravillosa donde conviven Todd Rundgren, George Harrison y los momentos más inspirados de Nilsson, es un retrato muy honesto sobre el amor perdido. ¿Es una de las mejores canciones que has compuesto?

Bueno, quedó muy clásica, muy años 70. Le tengo un cariño especial, la puedes tocar solo con un piano y ya dice algo. Es una historia sencilla, contada así, como una carta sin adornos. La voz suena mucho más seca y más presente que en las demás canciones, lo que la hace más íntima.

Hay canciones que a pesar del cambio de vestimenta, aún emparentan tu quehacer con el de Tarik y la fábrica de colores. Estoy pensando en la ya mencionada ‘La hora más fría’ o en ese otro gran acierto melódico que es ‘Actor secundario’. ¿Cómo lo ves? ¿Es algo inevitable?

Muchas veces no soy consciente de mi propio estilo, por eso me sorprende cuando alguien me dice que suelo estirar las vocales cuando canto, que las primeras estrofas de muchas de mis canciones parecen estribillos, o que me reconocen en esto o lo otro. Al final, te das cuenta de que tienes tu forma de escribir y de interpretar, y que, en definitiva, eso es lo que te distingue de otros, que a su vez tienen su propio estilo. Y eso es independiente de la orientación que le des a la producción.

La estética del disco es muy marcada, con mucha querencia por el tono llamativo y cierta disonancia pop. ¿Una forma de desmarcarte de la asepsia contemporánea?

Buscar la perfección con una orquesta sinfónica es una manera de sublimar la música, porque tienes 90 intérpretes frente a una delgada línea que separa el caos organizativo de la belleza sobrenatural. Poner eso a funcionar requiere búsqueda de la perfección. Pero si trabajas con instrumentos electrónicos y ordenadores, tienes que buscar la imperfección, de lo contrario te queda una pasta plana que no trasmite nada: no hay desafines, no hay variaciones en el tempo, todos los golpes y notas se superponen en algún punto matemáticamente exacto de la cuadrícula. No hay vida, y si no hay vida, no hay emoción. Es lo que nos distingue de las máquinas, por muy bien que estas hagan su trabajo: las máquinas no pueden trasmitir emociones.

En otros temas parece que te has dedicado a explorar mundos ajenos y con resultados bastante óptimos: ‘Ya te llamo yo’, ‘Llevo aquí ni se sabe’, ‘Poniente’ o ‘Sub Lumine’. Podemos atisbar aires de electro pop, soul de alcoba sofisticado e incluso ambient. ¿Pistas para que el oyente pueda jugar a adivinar plásticos (vinilos) de referencia?

Pensándolo bien, puede ser otra forma de disfrutar de la música. Personalmente, buscar referencias cuando escucho algo que me gusta no suele preocuparme, aunque entiendo que ese juego pueda motivar a algunos oyentes. Sí te puedo decir que llevo mucho tiempo en esto y que si no me gusta repetirme y puedo cambiar de dirección es gracias a que disfruto de músicas de todas épocas y de muy variados estilos, y que, como dije antes, soy receptivo con las nuevas escenas. No me gusta refugiarme en el pasado. Hace años, como curiosidad, empecé a recopilar vaporwave que se viene haciendo desde el 2012. Ahí descubrí un mundo extraño y diferente, y de la curiosidad pasé al entusiasmo. Pero, ojo, con el tiempo te das cuenta de que, citando a un amigo mío, “independientemente del estilo, el 90 por ciento de la música que se hace es una mierda”. La buena noticia es que queda un 10 por ciento que te puede arreglar la vida, y eso es ajeno a los estilos y las épocas.

¿Summer Spree es un proyecto que llega para quedarse o tienes pensado en reinventarte como cantante de boleros para volver de nuevo dentro de unos ocho años?

Me ha hecho usted reir, amigo.

 

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