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Alice Lewis. Foto: Nicol Despis
Portada de ‘Imposture’

Comparada en Francia con St.Vincent por el carácter desprejuiciado de su pop con ribetes electrónicos, Alice Lewis atesora ese aire entre enigmático y elegante que tan bien ha funcionado con las maneras vocales de chansonniers ineludibles del calibre de Barbara, DalidaJeanne Balibar. Un encanto epidérmico que conjuga con una infancia cosmopolita (Reino Unido, Francia) y una formación multidisciplinar que incluye estudios de ópera china o de cítara en Taiwan.

Protegida de Bertrand Burgalat y colaboradora de geniecillos como Chassol, su carrera discográfica tomó forma con un EP de regusto casi naïf ‘Night’s end‘ (2010), cantado en inglés y que precedía al largo ‘No one knows we’re here‘ (Naïve, 2010) producido por Ian Caple (quien ha trabajado con Tindersticks) y, a su vez, antesala de obras mayores como ‘Your dreams are mine‘ (Kwaidan Records, 2015) o el recientemente publicado ‘Imposture‘ (Bellbouy Records, 2018), donde cambia de registro vocal virando al francés.

En su último trabajo, Alice Lewis dispone un tratado antológico de pop contemporáneo, echando mano de sortilegios electrónicos pero sin perder de vista el fin último de la canción. El inicio onírico y paisajista de ‘Ópera drogue‘ entronca con su formación clásica y sus escarceos con las bandas sonoras, pero acto seguido el factor pop gana enteros y con él, dispara una triada de temas de alta gradación: ‘La cause et la remède‘, ‘Les ciseaux‘ o la fantástica ‘Amour asymétrique‘, que pone al día las maniobras de los mejores autores de scores del país galo (las cuerdas son puro François de Roubaix, a quien tuvo a bien versionar en la tremenda ‘Je Sauris te retener (Les Amis)‘ en el disco-homenaje al músico francés publicado en 2015), entre efluvios exóticos y maneras urbanas. Una vía muy natural con la que llega a absorber influencias de la chanson, la psicodelia y el pop electrónico con destellos propios de la mejor época de Tricatel.

El resto del álbum discurre a un alto nivel, con medios tiempos como ‘Le reine au sang bleu‘ y su ritmo creciente, la protoelectrónica naturalista de la ‘Imposture‘ que marca el ecuador y, a su vez, da título al disco o el momento discotheque de ‘Cabriolet‘, que emana sensualidad bajo las luces de neón. Todo, para refrendar con melodías tan deliciosas como la versión de ‘Pour celui qui viendra‘ (compuesta por André Popp y popularizada en 1968 por Marie Laforet) ‘Un autre jour‘, con el acompañamiento a las voces de Alexandre Chatelard (quien también acude a la llamada de Lewis en ‘Amour asymétrique‘ u ‘Opéra drogue‘), que lo de este álbum está, paradójicamente, bien lejos de la impostura. Resulta todo un dechado de elegancia, distinción y personalidad.

 

 

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