Alela Diane.
Portada de ‘Cusp’.

Un disco inspirado en una reciente maternidad y que hila sus canciones de forma delicada y echando mano de arreglos sutiles, meciéndolas con pianos y barnizando su aire hogareño con vientos suaves, suele bordear peligrosamente la caída en el ensimismamiento provocada por el exceso de azúcar. Sin embargo, en el caso de ‘Cusp‘, el nuevo álbum de la norteamericana Alela Diane, tal riesgo es sorteado con entidad, en pos de once cortes que transmiten con placentera sencillez pero con estructura robusta cómo modifican los usos y costumbres de las personas aquellas nuevas circunstancias vitales que alteran su rutina para siempre. Más aún si se trata de un acontecimiento como el de la llegada al mundo de la segunda hija de la cantautora de Portland: un acto de vida que, paradójicamente, estuvo a punto de suponer el fallecimiento de su progenitora en el momento del parto. Una dualidad vida/muerte que marca los entresijos de estas once canciones, zurcidas con maneras dulces pero abrigadas con la fuerte personalidad de la voz de su autora.

En su sexto disco, Alela Diane apuesta por una producción detallista donde el piano va marcando el tono de las canciones, en contraposición al uso de la guitarra acústica que comandaba el trote de gemas pretéritas como las de  ‘The Pirate Gospel‘ (Names Records, 2008) o ‘To Be Still‘ (Names Records, 2009), sus dos discos más celebrados, o el más reciente About Farewell‘ (Rusted blue records, 2014), disco de ruptura y redención. El repertorio del álbum abre con la delicada ‘Albatross‘ que funde en negro con una trompeta evocadora y despliega una calma tensa a partir de unas cuerdas magistrales, creciendo con la flauta que irradia en ‘The Threshold‘ o el omnipresente piano, pulsado de manera impresionista en joyas como ‘Yellow Gold‘, que emparentan a Alela Diane con una especialista en el arte de la evocación como es Agnes Obel. Mención aparte merecen tanto el poso crítico de ‘Émigré‘, que, esta vez sí, a lomos de la guitarra acústica, pone foco en el tema de los refugiados desde una perspectiva humanista, o ese homenaje a Sandy Denny  – “A lady who came from London Town” – que es ‘Song for Sandy‘, delicatessen folk que marca el ecuador del disco.

El tono de las canciones es reposado y reflexivo, propio de una autora que trata de contar al mundo algo tan natural y cotidiano como es el hecho de ser madre y las dudas (‘Never easy‘), la dureza ocasional (‘So tired‘) y, por encima de todo, la luz (‘Yellow gold‘) que ello lleva consigo hasta el final de los días. Una opción lírica que raras veces ha sido plasmada en el mundo de la música contemporánea y con la que Alela Diane pretende reivindicar un espacio, más allá del imperante afán de conectar con la juventud y así poder formar parte de su espectro estético, para aquellas mujeres de más de 30 años y con hijos a cargo que pretenden seguir manteniendo bien viva la llama del noble arte de la canción.

 

 

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