Alberto Montero. Foto: Patricia Gázquez

Dejó escrito un joven William Blake que “sé que éste es un universo de imaginación y visión. Veo que todo lo que pinto existe en este mundo, pero no todos lo ven de la misma manera”, una idea, considerada por muchos peregrina, recogida con guante de seda por Alberto Montero y sobre la que ha construido ‘La catedral sumergida’ (BCore, 2018). Doce canciones compuestas a partir de la contemplación de un mar sin fin en una noche de estío, para un disco que toma un camino diferente a los atisbos de luminosidad del anterior ‘Arco Mediterráneo‘ (BCore,2015), ya que introduce referentes de la música clásica, las bandas sonoras y el pop más heterodoxo para sumergir al oyente en un rito pagano hacia el autoconocimiento. Una liturgia donde prima la belleza en las formas (el uso de la voz, las cuerdas que rozan la magia…) y en la que las respuestas se encuentran en el mismo viaje propuesto.

En una entrevista anterior comentaste que “la naturaleza es lo más inspirador que puede haber”. En el caso de ‘La catedral sumergida’ parece que es un hecho evidente. ¿O se trata más bien de la percepción que tú tienes de la naturaleza y de lo que ésta puede ofrecer y a simple vista no podemos percibir?

O de lo que no nos paramos a percibir. En la contemplación de la naturaleza, sin realizar juicio alguno, siempre he encontrado una felicidad extraña, como recordada o soñada. Como una felicidad ideal muy íntima. Además, es una sensación huidiza, como un destello que cuando lo quieres retener desaparece, pero cuando vuelves a vivirlo lo reconoces como a un amigo de la niñez. Lo experimento desde que tengo uso de razón y siempre me costó mucho explicarlo verbalmente, así que lo más fácil ha sido evocarlo mediante la música y la poesía.

Portada de ‘La catedral sumergida’

El disco parece la reconstrucción de toda una misa pagana desde la entrada en el Templo con ‘La llamada’ hasta la estructura que deviene en canciones como ‘Credo’, ‘Devoción’ o ‘Comunión’… ¿Para intentar trascender entre la ingente cantidad de propuestas sonoras es necesario ponerse místico o se trata exclusivamente de aportar un guión culturalmente conocido al tono confesional y personal que emanan estas canciones?

No creo que el misticismo pueda entrar hoy en día en una estrategia de marketing, ¿o sí? Creo que, más bien, me juego el generar rechazo. Lo he hecho, principalmente, por que me apetecía, y porque así he vivido el proceso. He querido ritualizar el disco porque me parece que en el rito hay etapas o fases en las que quedan patentes muchas cosas y sirven para centrar y potenciar el camino hacia el objetivo de este disco que era el autoconocimiento. El acto ritual tiene un enorme poder transformador, cuando una idea la conviertes en algo vivencial sus raíces se hacen más profundas. En este sentido, el arte es sanador y ayuda a aceptar e incluso a reivindicar el mundo propio de manera más fácil que por otras vías.

El tono de las canciones es eminentemente clásico (de música clásica quiero decir), aunque hay apuntes de cierta psicodelia introspectiva. Es inevitable no pensar en Debussy (por el título y por algunos de los acordes de piano), en Tomás Luis de Victoria por el uso casi místico de la voz o en el clima de ensoñación que transmitía Erik Satie con sus piezas más relevantes. ¿Este disco es la consecuencia directa de una trayectoria estética que se ha bañado en las diferentes aguas de la introspección musical?

Sí, todos los autores que me nombras han sido una influencia grande pero que difícilmente he podido trasladar al pop. En este disco quise experimentar haciendo justo lo contrario: trasladar a la clásica un poco de pop. Hacer un disco a lo Debussy pero donde se me han colado inevitablemente influencias como Pink Floyd o Vainica Doble (que también tiraban de la clásica a menudo). Hablando de Vainica Doble, hay partes de disco ‘Taquicardia’ que también han influido en este disco. ‘Yo le imagino’, por ejemplo.

¿En tal caso podríamos decir que ‘La catedral sumergida’ es un disco de “pop de interior”, ya que todo lo que sucede parte de uno mismo tanto del que compone como del que escucha?

Sí, es un disco de mucha intimidad, desde luego, y nada festivo. Es para escuchar tumbado, tranquilo y atento.

¿Crees que para que el oyente pueda entrar en el juego que propones, éste ha de tener un perfil determinado y un bagaje cultural que parta de ciertas coordenadas? ¿O consideras que has alcanzado cierta universalización y que las premisas no importan al acercarte a estas canciones?

Las referencias que mejor comunican son las que están integradas en el narrador. La referencia cultural por si sola no justifica nada, solo es un útil, una herramienta que se utiliza dentro de un proceso mayoritariamente intuitivo. Se te puede notar, como quien se pone una camisa de su padre, pero lo importante es si te sienta bien.

Es evidente que cuantas más capas tenga el discurso más vas a descubrir cuanto más bagaje cultural tengas pero a veces otros descubren cosas que ni siquiera tú te has planteado.

Creo que, a pesar de ser un disco poco comercial, no me parece un disco denso ni difícil. Hay canciones muy cortas y efectistas a veces, hay mucha melodía y arreglos orquestales que podrían ser bandas sonoras de Disney. No es música excesivamente experimental.

El componente “cinemático” también es muy potente, pienso en ‘Poseidon’ o en ‘La catedral sumergida’ (la canción). ¿Eres más de Max Richter o de Lalo Schifrin?

Pues espérate que los busco… No, soy mas de Nino Rota o Ennio Morricone. O Danny Elfman, soy muy fan de ‘Pesadilla antes de Navidad’ y ese rollo romántico ruso que lleva. Ah, también soy muy fan de la BSO de Conan, de Basil Poledouris. Borja (González-Ayllón) de Bob Lazy me lo recuerda a menudo cuando escucha mi música.

El uso de la sección rítmica recuerda a algunos momentos del ‘Heliotropo’ de Vainica Doble, una gran influencia en tu música como ya has comentado anteriormente. Menudas visionarias, ¿no?

Sí, como te he dicho antes, las “Vainica” han sido una gran influencia en ese sentido. Tenían un enorme bagaje de conocimiento de música clásica y lo mezclaban con el pop en cuanto tenían ocasión. ‘Caramelo de limón’ siempre me pareció una mezcla de Tomás Luis de Victoria y Syd Barrett.

Supongo que a nivel lírico, estas canciones tienen mucho de mirar con perspectiva al pasado (desde la óptica que solo la madurez puede dar) para intentar saber que es lo que es uno (con sus claroscuros) y que es lo que puede llegar a ser. Ahí está, por ejemplo, ‘Te veo Alberto’. Utilizas la auto mención en el título de una canción de una forma muy diferente al egotrip que emanan los músicos de hip hop o reggae…

Sí, sería el final del camino. El encontrarme conmigo mismo, con un tipo bastante normal, con sus cosas buenas y malas, y poder mirarle a la cara con afecto.

Un músico con un carácter pop muy definido como Robert Forster (The Go-Betweens) llegó a comentar en cierta ocasión que su disco curativo favorito es ‘Music for zen meditation‘ de Tony Scott, que se acerca a la instropección desde el jazz con una perspectiva meditativa. ¿Crees que ‘La catedral sumergida’ es el disco curativo de un músico pop como Alberto Montero?

Totalmente. Wences Lamas me dijo que en mi intento de curarme yo mismo le curaba a él. Lo mismo me confesó Dorian Wood. Es hermoso ver cómo cuando se hace algo con sinceridad y sin miedo al juicio ajeno se crean espacios comunes de comunicación y de experiencias. Y que pueda ser útil a nivel existencial para alguien es uno de los mayores piropos que puede recibir una manifestación artística.

¿Crees que este disco debe escucharse en el contexto de un estado vital apropiado o mejor dejarse sorprender por sus notas como si fueran olas?

Supongo que sí, que hay que entrar con cierta predisposición. No es fácil que te atrape como música de fondo.

 

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