Alberto Montero: “Me apetecía hacer un disco más directo, más contundente”

En el nuevo disco de Alberto Montero podemos encontrar detalles que nos recuerdan a momentos de su anterior camino discográfico. Trazas de la luz folk que alumbraba obras como su homónimo disco de debut de 2010 o los siguientes ‘Claroscuro’ (2011) y Puerto Principe (2013), ecos del pop que conectaba el Mediterráneo con la Costa Oeste norteamericana en ‘Arco Mediterráneo’, vestigios del lirismo casi bárroco con el que invitaba a la genuflexión reflexiva en ‘La Catedral Sumergida’ e incluso apuntes aguerridos que entroncan con su pretérita época con la banda Shake. Pero ante todo, ‘El Desencanto’ (BCore, 2020) es una pieza que se sirve de lo amasado por el músico de Puerto de Sagunto durante todos estos años, para plasmar sin rodeos la crispación acumulada tras un periodo marcado por el caos global y la incertidumbre personal. Canciones de temática áspera que siempre acaban encontrando sus puntos de fuga hacia la belleza, construidas con la ayuda de habituales compañeros de viaje cómo Xavi Muñoz, Luis Torregrosa o Román Gil, la rutilante colaboración de Laetitia Sadier (Stereolab) o la entrañable y emocionante presencia de su propia hija Ariadna.

En ‘El Desencanto’, si que tiendes ciertos puentes con tu discografía anterior, pero apenas hay vestigios de la lírica folk-pop de álbumes como ‘Puerto Principe’ o ‘Arco Mediterráneo’ o de la liturgia casi barroca de ‘La Catedral Sumergida’.  Ahora todo suena más crudo (especialmente en la segunda parte del disco). ¿Qué ha pasado para que tu mirada se haya hecho más escéptica?

En estos últimos años el nivel de ruido informativo y de polarización ha sido y está siendo enorme. La mayoría de nosotros nos pasamos el tiempo recibiendo estos inputs desde las redes sociales varias horas al día, y eso, en mi caso, ha influido a la hora de abarcar las temáticas de las canciones. Me apetecía hacer un disco más directo, más contundente. Entronca más con lo que hacía en Shake, sobre todo a partir de ‘Todo es Cíclico’. Creo que mi yo de hace 20 años disfrutaría mucho este disco.

Portada de ‘El Desencanto’

Más que un homenaje nada velado a aquella película de Jaime Chavarri lo que aquí resuenan son los propios sinónimos de desencanto: decepción, desilusión… ¿No es así?

Sí, hay varios desencantos en el disco. El desencanto con la política, que ahora es básicamente hacer vídeos de 1 minuto de la intervención del de tu partido y difundirlo por redes sociales como el zasca que le ha dado al oponente. Con la polarización cada vez mayor, con el auge de la ultraderecha. El desencanto de seguir peleando por reconocimiento de mi propio proyecto musical cuando estoy rozando los 40 años. La crisis de esos 40 años. El desencanto con la precarización de la vida en general, con la necesidad de marcharme de una ciudad como Barcelona, de no ser capaz de tener una vivienda propia…

¿Este disco fue concebido antes de la pandemia? Lo digo por qué mucho de lo que aquí sobrevuela (la post-verdad, el auge del populismo vacío, la incertudimbre social) ha agudizado sus efectos de un tiempo a esta parte…

Así es, la oscuridad sobrevuela el disco y ¡ni siquiera había llegado la covid! En el disco está más presente el desastre ecológico, o, como bien dices, el auge del populismo, la precariedad y la post-verdad.

A pesar del caos inducido, de ese bombardeo de mentiras que nos acecha.. ‘Todo es cíclico’ ¿No?. ¿O esa es sólo una expresión para autoconvencernos de que al final todo lo malo pasa?

Es la canción más optimista del disco. A veces, ha sido un pensamiento que he utilizado para calmarme en situaciones difíciles. Me pasa con el auge de la ultra-derecha conspiranoica y delirante de hoy en día. Pienso en el desastre que sería si llegan a gobernar en este país. En la canción también hablo de que hay que ser activos para cambiar las cosas que no te gustan. “Pero hay que luchar. Solo no se va a acabar este mal.”

De todas formas, también subyace una lectura muy personal en estas canciones. No están exentas de incertidumbres domésticas, cierto temor al futuro o las batallas ocasionales con las limitaciones que creemos tener. Cómo me comentaste en una entrevista anterior ¿sigues queriendo “encontrarme conmigo mismo, con un tipo bastante normal, con sus cosas buenas y malas, y poder mirarle a la cara con afecto”?

Eso siempre está presente. Hay momentos de mayor conexión y otros de mayor enajenación, pero vivimos básicamente enajenados de nosotros mismos. Y es esa enajenación la que nos mantiene como consumidores compulsivos de objetos, alimentos o recompensas de likes en redes sociales, lo cual genera más frustración y más compulsión. Creo que como sociedad vivimos en un círculo vicioso que desemboca fácilmente en la proliferación de enfermedades mentales y en tasas de suicidio cada vez mayores. Hablo de la depresión en ‘No Sé’ y de la ansiedad en ‘Lluvia’. Si a este cóctel le añades la precariedad material, el resultado son sociedades que se pudren. Y de esa podredumbre resulta lo que vivimos ahora: odio, rabia y polarización.

Dos de las canciones menos airadas del disco, quizás  las más confortables, tienen presencia femenina. En ‘Le soleil’ cuentas con la voz de Laetitia Sadier, quien supongo participa gracias a los menos de seis grados de separación que suponen la presencia de Xavi Muñoz (quien toca con Stereolab) en tu banda. ¿Es cierto que esa canción proviene de un sueño?

Sí, esa canción la soñé una noche. Un estribillo que decía algo de ‘Le soleil’ y que lo cantaba una chica en francés. Al final la letra no dice nada de ‘Le soleil’ pero sí que lo canta una chica en francés. Así que, que lo cante Laetitia Sadier es un sueño hecho realidad por partida doble. Y, efectivamente, es gracias a Xavi Muñoz. Lleva poniéndole mis discos a Laetitia en la furgo de sus giras desde 2013 y ahora fue él, evidentemente, el que medió para que Laetitia participara en el disco.

Cortes como ‘Cuando todo caiga’ o ‘Contigo’ reflejan que las sombras pueden ser difuminadas con el abrazo compartido, con el aliento de los otros. ¿Cómo decía Pessoa “el amor es una compañía”?

En este disco voy alternando, o contrastando como en el caso de ‘Cuando Todo Caiga’, temáticas más universales con espacios más cotidianos. Por ejemplo, se puede hablar del aumento salvaje del precio del alquiler en ciudades como Barcelona por culpa del turismo, que está expulsando al vecino de toda la vida de su ciudad. Pero se entiende mejor y de manera más hermosa cuando lo muestro desde la consecuencia en mi vida real: cómo le explico a mi hija, nacida en Barcelona, yendo al cole allí, con sus amigas allí, que lo tenemos que dejar todo para empezar una nueva vida en otro lugar. Desde la emoción creo que se logra una comprensión más profunda.

Contigo’ es la canción de amor de este disco y la más antigua. De hecho, la llegamos a estrenar en directo en julio del 2016 cuando estábamos de gira por Galicia. Es una de las que tenía cuando escribí ‘Poseidón’ y que decidí aparcar para hacer ‘La Catedral Sumergida’. Como anécdota diré que es la favorita de mi suegra y de Jordi (Llansamà) BCore. Cada uno que saque sus conclusiones.

La canción más agreste del lote, por dureza instrumental (casi post-rock, con apuntes de grunge y mecánica kraut) y por minutaje es ‘El Monstruo’. ¿Viajar de vez en cuando a dónde viven los monstruos puede hacer que las buenas energías puedan ser recargadas para que así, vuelvan a su sitio?

Me parece muy sano reconocer las debilidades y miserias de uno mismo, sin necesidad de estar todo el tiempo autojustificándose. Yo, que me he criado en un ambiente en el que nunca se reconocían las culpas, y, si se reconocían era justificándose de algún modo, me di cuenta de que para sanarse y estar en paz con uno mismo y con los demás lo primero era reconocer tus errores. Errores provocados por dudas, miedos, egoísmo. Sobre todo estos últimos son los que hay que ser más capaz de reconocer, son los que realmente construyen una relación sana con la otra persona, y más si es una persona que quieres. Y siento que eso es un regalo que le estoy dando a mi hija: el que su padre le pida disculpas cuando se equivoca es, sin duda, un reconocimiento a ella como persona y un ejemplo que ella está siguiendo sin apenas darse cuenta.

Por cierto, ¿qué me habías preguntado? Ah sí, ‘El Monstruo’. En este caso hablo del monstruo como baja autoestima, la cual genera un deseo de reconocimiento muy grande. En la estrofa muestro mi baja autoestima, y en el estribillo hablo de un deseo insaciable de ser reconocido. Nunca es suficiente. Nunca se cumple mi expectativa narcisista. Siempre acabo necesitando aprobación. En este sentido, quizás el desencanto me ayude a tirar la toalla y vivir más feliz. 

El broche del disco, más allá de la sorpresa de contar con la voz de tu propia hija, funciona como bálsamo ante el desconcierto  y la perplejidad adulta que  recorre cada surco. A pesar de lo árido que puede resultar el camino vital y de que el cuento siempre acabe, a los niños hay que protegerles siempre ya sea con fantasías o las propias historias de ‘La hora de aventuras’. ¿No es así?

Me parece hermoso acabar el disco así. Primero por hacerlo cantando con mi hija. Fue en septiembre de 2019 cuando me la llevé a Río Bravo para que nos grabara Xema Fuertes y flipara con la experiencia de grabar en un estudio de verdad, con 7 años recién cumplidos. Y segundo, porque aparte de la lectura literal, que es la de canción de cuna, la canción habla de vencer a los miedos, de vencer a la oscuridad. Que el disco acabe con la frase “Cuando seas mayor espero que recuerdes como juntos vencimos a la oscuridad” me parece poner un rayo de esperanza justo al final de un disco desesperanzado.