Albert Giménez / Un Somni Petit

Un Somni Petit.

Grabado en el estudio Sonitec - mágico lugar para la experimentación y el despiporre intelectual de la Barcelona vanguardista en la década pre-Olímpica - en la primavera de 1981, 'Un Somni Petit' (Filobus Records) supone la reunión de un grupo de amigos músicos en torno a la figura de Albert Giménez, a su vez miembro fundador de uno de los grupos pioneros en la electrónica minimalista - Neuronium - y componente de los seminales y experimentales Macromassa, junto a imponentes personalidades de la vanguardia menos complaciente cómo Juan Creek, Victor Nubla o Anton Ignorant.

Giménez - músico inquieto de trayectoria nutrida e inabarcable - aparcó la faceta experimental y surrealista de proyectos paralelos para tomar el tranvía que le condujo hacia un sonido plácido, ensoñador y sugerente con el que estilizaba, gracias al uso omnipresente de la guitarra, la paleta proveniente del jazz, el flamenco instrumental (en la onda de las desventuras acústicas y andaluzas de Toti Soler) o el impresionismo clásico en 13 cortes originalmente prensados en vinilo (cinco en la cara A y el resto en la B). Un artefacto único, que deslumbra desde su portada, donde una imagen destinada a ser presentada en un color sepia desteñido por el paso del tiempo, adquiere tintes azules mediterráneos y embriagadoramente ensoñadores.

«Un Somni Petit».

Clara y viva postal de lo que podemos encontrar en las entrañas de un disco que alterna piezas sucintas y de corto minutaje, la gran mayoría, con otras de largo alcance, las menos, entre las que se incluye la coda final, una «Dolçes estrelles» que invita al escapismo desde la improvisación con la guitarra acústica. Entre medias, hay miniaturas de postín, cómo «Poema», paisajistas vaivenes atonales, sentidos homenajes a la amistad «Passeig (a Conrad Setó)» dedicada al pianista de cámara contemporánea Conrad Setó, quien, a su vez, aporta su don a las teclas en la deliciosamente progresiva e impresionista «La chistera d'Erik Satie» y donde también participan músicos del calibre de Miquel Dalmau (a la flauta) o Pepe Rodríguez (al bajo). Una pequeña obra mayor, distinguida anomalía repleta de detalles, relatos y estaciones que engrandecen el noble arte de la evocación mediterránea.