Portada de ‘Le Désordre des choses’

El puzzle que intenta recomponer el bardo francés Alain Chamfort con su último disco, ‘Le Désordre des choses‘, (Le Label, 2018) viene precedido de un salto a la primera línea de la chanson a comienzos de la actual década con un sorprendente (y excelente) disco dedicado a glosar la figura de Yves Saint Laurent: ‘Una vie Saint Laurent‘, de poso melancólico y – a pesar de algún tic rockista fuera de onda – sostenido por arreglos inmaculados. Un intento por atravesar las sombras de una carrera no demasiado agradecida, que tras seis años trufados de reediciones de trabajos añejos, recopilatorios, un álbum como ‘Elles & Lui‘ (Mercury Music Group, 2012) – en el que repasaba éxitos pretéritos en compañía de primeras damas de la chanson como Camèlia Jordana o Vanessa Paradis – o un disco homónimo publicado en 2014, llega a sus bodas de oro a través de estas 10 canciones exquisitas y rotundas.

Antiguo colaborador de titanes como Jacques Dutronc o Serge Gainsbourg, quien escribió para Chamfort la conocida ‘Manureva‘ (que ha sido pasto de algunas versiones dignas y otras más cercanas al horror), desnuda su alma de chansonnier ajeno a modas y tendente a la retrospección estética, en un disco de madurez que amplía el registro de sus discos de esta década, ajustando resortes de piano-bar en la inicial ‘Les Microsillons‘, donde su fiel escritor y productor Pierre-Dominique Burgaud  (quien ya escribiera ‘Una vie Saint Laurent‘ enterito) le hace cantar aquello de “arrugas felices en hermosas patas de gallo”, un gesto reflexivo más cercano al humor íntimo que a la pose torcida.

Burgaud también participa en el corte y confección de las otras nueve canciones del disco, que oscilan entre la sofisticación pop (y existencial) de ‘Exister‘, la antitética euforia comercial de ‘Tout est pop’, que hará las delicias de Bob Stanley con su letra plagada de iconos y sus maneras eurobeat, o el rock de alcoba de ‘Palmyre‘, donde Chamfort mastica las sílabas entre coros a lo Brian Wilson. Las canciones que mejor funcionan del disco son las que se dejan mecer por arreglos más naturales: la nostálgica ‘Les salamandres‘ o ‘En regardant la mer‘, donde una melancolía con sutil barniz electrónico se baña en aguas de frases tan certeras y emocionantes como Moriríamos abrazados allí, frente al mar”. Una canción que en manos de chanteurs como Daniel Darc o Dominique A podría haber adquirido tintes dramáticos pero que Chamfort convierte en una poética llamada de atención a los amores estancados.

Entre recuerdos borrosos y autorretratos incompletos, cincelados por la perplejidad ante unos avances tecnológicos que cada vez nos vuelven menos humanos y la elegancia de quien se sabe a vuelta de todo, la voz de Alain Chamfort canaliza el momentáneo epílogo de una trayectoria marcada por el desencanto en la que el interprete francés sigue demostrando que canta “para existir”.

 

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