Air / The Virgin Suicides Redux (Rhino, 2025)

El dúo francés Air, formado por Nicolas Godin y Jean-Benoît Dunckel, opta en la actualidad por dejarse ver en escenarios selectos, vestidos de blanco impoluto y con una puesta en escena entre Arty y post-vintage. No se han apuntado todavía a la fiebre de las giras “todo incluido” en estadios ni a la carrera por los festivales premium de entradas VIP y barras gourmet. Prefieren mirar hacia atrás, revisar su propio catálogo y darle lustre con reediciones cuidadas. En medio de esa dinámica aparece The Virgin Suicides Redux, reedición conmemorativa del 25.º aniversario de la banda sonora que compusieron para la ópera prima de Sofia Coppola. En 1999 grabaron aquel score a toda prisa, con presupuesto justo y tecnología digital temprana; en 2025 regresan al material con una mezcla completamente analógica firmada junto a Alf Briat, que busca devolver la calidez y el misterio que se intuían tras la superficie metálica de la edición original.

No estamos ante música nueva —y la pregunta inevitable es si alguna vez la habrá—, sino ante un ejercicio de arqueología íntima: desempolvar cintas, rescatar demos, abrir cajones de rarezas y reubicar canciones como Empty House. En los formatos extendidos (doble CD, Blu-ray con mezcla Atmos) aparecen bocetos insólitos, como una Playground Love con vibráfono o una Bathroom Girl en carne viva, que muestran el trasiego del proceso creativo.

El original de 2000 era ya un quiebro respecto a Moon Safari: menos juguetón, más febril, con teclados analógicos que parecían respirar en lugar de programarse, y un pie puesto en el progresivo setentero y otro en el chill-out de vanguardia. Playground Love, con la voz de Thomas Mars bajo alias Gordon Tracks, funcionaba como único lamento explícito en un álbum dominado por instrumentales fantasmales. Highschool Lover devolvía la melodía como eco distante, mientras Dead Bodies empujaba al oyente hacia un clímax ominoso. Todo pensado para convivir con las imágenes de Coppola, que narraban el misterio obsesivo de las hermanas Lisbon y la mirada incómoda de quienes las observaban.

Los temas de The Virgin Suicides siempre parecieron flotar entre la vida y el más allá, como si Air hubiera compuesto la banda sonora de un recuerdo. Cada pista respira una melancolía suspendida, desde la apertura con Playground Love —única con voz, interpretada por Thomas Mars bajo el alias Gordon Tracks— hasta el cierre con Suicide Underground, donde el tono se disuelve en un mantra fúnebre. Entre medias, el dúo recurre a un arsenal de sintetizadores analógicos, bajos suaves y guitarras procesadas para construir un clima que oscila entre la fascinación y la pérdida. En piezas como Bathroom Girl o Cemetary Party, los ecos de Pink Floyd y The Beatles se funden con el pulso electrónico y la pulsión de lo cinematográfico, trazando un retrato sonoro de la adolescencia como territorio incierto y ritualizado. La música no describe las escenas de Sofia Coppola, las habita: acompaña el desencanto y la belleza de las hermanas Lisbon con la precisión de un sueño febril.

La versión Redux amplía ese universo con una mezcla completamente analógica —realizada junto a Alf Briat— que dota al conjunto de un cuerpo cálido, casi táctil. El segundo disco, Demos & Rarities, abre una ventana al laboratorio de Godin y Dunckel: versiones como Playground Love (Vibraphone Version) o Bathroom Girl (Demo 2) revelan un sonido más crudo y doméstico, mientras remixes como Highschool Prom Playground Love (Rob Remix) o Nosferatu (Remix by the Flower Pistols) desplazan el material hacia atmósferas casi lounge. Escuchado en su conjunto, The Virgin Suicides Redux no es solo un rescate conmemorativo, sino una arqueología sonora que permite entender cómo Air, en pleno apogeo de la electrónica francesa, supo construir una elegía pop sobre la juventud perdida y la belleza que se desvanece sin hacer ruido.

Escuchado hoy en su versión Redux, el álbum revela más matices: la mezcla analógica aporta un cuerpo cálido que hace justicia a la atmósfera opresiva y sensual de la película. No es una simple operación de “remaster de aniversario”, sino un ajuste de cuentas con un disco que se convirtió en clásico casi sin que sus autores lo pretendieran. The Virgin Suicides no fue solo música incidental: fue un personaje más, invisible pero decisivo, flotando en las escenas, impregnando cada plano con un aliento adolescente y enigmático.