Adiós, Pete Dello. Siempre en nuestros oídos.

Lo tengo que decir alto y claro: si no fuera por Juan Vitoria, yo no habría conocido a este señor. Juan incluyó su disco Into Your Ears en un libro, Los Cien Mejores Discos del Rock (La Máscara, 1993) que, siendo yo un chaval, me regaló mi novia de entonces. Aquel libro me descubrió todo un mundo, pero si tengo que elegir un solo disco de los que descubrí a través de su lectura y desmenuzamiento, es este. Pete Dello, desde entonces, ha significado un referente, un constante espejo en el que mirarse cuando uno aspira a alcanzar la perfección de forma humilde, un faro del pop con el que comparar a modo de estándar de calidad cualquier cosa que se escuche que esté en esa onda. Un personaje no muy conocido, pero necesario para los que amamos una forma determinada de hacer música, que lamentablemente abandona hoy el edificio.

Pete James Blumson (26/05/1942) era uno de nosotros, un freak de la música. Empezó, como tantos otros de la generación de la posguerra mundial, tocando en conjuntos de skiffle, algo que pronto se le quedó pequeño, pues se obsesionó con mejorar cada vez más su técnica tanto al piano como a otros instrumentos, aprender armonía, composición, etc. Todo eso derivó en la formación de una de las más exquisitas bandas de pop que en el mundo han sido, para este que suscribe un género en sí misma, la epítome del barroquismo pop.

Honeybus fueron una anomalía que tuvo lugar en el momento y lugar equivocados, o tal vez eran demasiado delicatessen para cualquier época. Pete Dello y Raymond Byart (Ray Cane) se conocieron cuando coincidieron juntos en el combo Grant Tracey and The Sunsets, tras lo cual comenzaron una carrera como compositores, arreglistas, productores y músicos de sesión de bandas como The Roulettes o The Anteeks (suya es la magnífica I Don’t Want You de los últimos). El paso obvio tras todo esto era probar suerte por los propios medios, ya que conocían absolutamente toda la cadena de producción para alcanzar el éxito en un mercado floreciente como el del pop de los swingin’ sixties.

Juntos formaron The Yum Yum Band, que facturará cinco singles en Decca, pero tras unos problemas de salud de Dello causados por el exceso de carretera (algo que sería un estigma constante en su carrera) decidió dejar la banda. No obstante, para el otro proyecto que tenía en mente se llevó consigo a su colega Ray. Ambos, al ver pasar un autobús mientras tomaban café en una terraza, tuvieron la feliz ocurrencia de denominarlo Honeybus, el autobús de miel había nacido.

Un autobús que, lamentablemente, nunca acabaría de tomar velocidad. Y mira que empezó bien. Tras un sencillo algo fallido comercialmente pero brillante, The Breaking Up Scene, se unió a la banda otro elemento fundamental: Colin Hare. Con él a bordo graban el siguiente single, una canción sublime de Dello titulada I Can’t Let Maggie Go. Una especialmente manierista golosina pop que, contra todo pronóstico, se encarama al número 8 de las listas y permanece en ellas nada menos que cuarenta semanas.

Nunca conseguirán siquiera rozar tan alto listón. Su historia fue una concatenación de malas suertes que empezaron, precisamente, con la deserción de un Dello que hiperventilaba cada vez que alguien le quería sacar una foto y no digamos ya cuando tocaba salir en la tele. Desconcertando a sus compañeros, que aun así se las arreglaron artísticamente muy bien sin él, Pete prefirió dedicarse a componer, arreglar y producir un par de singles bajo el seudónimo Lace con las magníficas People People y I’m a Gambler como caras A y producir el primer disco de John Killigrew (otro clásico), pero el resto lo echó en su primer y único disco en solitario.

Se tituló Into Your Ears y era todo lo que uno podría desear de un genio como Dello. Una taza de té de porcelana hecha disco, un dechado de manierismo pop, con unos arreglos que dejaban a la catedral de San Pedro a la altura de una choza. Uno de esos discos que son un universo en sí mismos y en los que uno querría quedarse siempre a vivir. En él le acompañaron varios Honeybus (Hare, Cane, Pete Kircher) y algunos otros amigos, como el guitarrista Mick Green o miembros de Argent (Russ Ballard y Bob Henrit). Juntos lograron que se respire en el disco un ambiente relajado, de confección artesanal, que genera el mejor de los resultados.

Pero para hablar de este disco en más profundidad cuento con un colaborador de excepción, tan fan o más que yo de Dello. Con ustedes, el siempre reivindicable músico valenciano Pablo Maronda:

"Para explicar la interminable Transición española los cronistas repiten mucho una frase: Quien se mueve no sale en la foto. Hay una serie de grupos que reuniendo todos los requisitos para haber hecho historia del pop del siglo pasado, tuvieron que conformarse con ser una eterna nota a pie de página para entendidos. Hablo de Badfinger, Ronnie Daddario, Nick Garrie o, el que nos ocupa, Pete Dello. La inmediatez pop que conjura su Into My Ears no tiene nada que envidiar a la de esos primeros trabajos de Paul McCartney post-Beatles que tanto se reivindican de un tiempo a esta parte"

Tras la salida de Into Your Ears, aunque no logró ningún éxito remarcable (tampoco creo que Dello lo esperara), Dello se vino arriba e intentó volver a colaborar con sus colegas de Honeybus. El resultado fueron unas grabaciones que tuvieron lugar en 1973 e iban a derivar en un disco titulado Recital, que iba a publicar nada menos que Warner Brothers. Pero como siempre con ellos, la mala suerte se impuso. Problemas contractuales, falta de interés por la discográfica, las historias de siempre. Disco archivado. Menos mal que muchos años después un sello español, Hanky Panky Records, haría justicia al fin y hemos podido escuchar un producto muy a la altura de sus implicados que al fin luce en nuestras estanterías como uno de los grandes discos perdidos de su época.

Dello, tras este último intento, se retiró finalmente de la vida pública, aunque no de la música, dedicándose a su enseñanza y recibiendo ciertas regalías. Que I Can’t Let Maggie Go apareciera en algún que otro anuncio o, sobre todo, que Do I Still Figure in Your Life fuera grabada por un montón de artistas —entre ellos Joe Cocker, Paul Carrack o Dave Berry— le garantizó una existencia bastante acomodada dentro de una celosa privacidad de la que salió solo ocasionalmente, por ejemplo, para colaborar con el castellonense Miguel Ángel Villanueva y sus Brujos en varias de sus producciones, entre ellas el excelso álbum Sin Ver El Sol (1998).

Pero, en esencia, fue un hombre tranquilo que lo único que quería era respirar música sin tener que lidiar con su lado negativo. Un tipo sencillo y adorable, según comentan todos aquellos que le trataron, que se fue como había vivido, discreto, el pasado sábado. De hecho, muy poca información al respecto hay en la red, pero nos quedamos con la sentida despedida que le dedican los compañeros de Hanky Panky Records, que nos parece muy esclarecedora: No encontramos las palabras. Nuestro querido Pete Dello falleció el pasado sábado por la mañana. No solo era un genio musical, sino que su humanidad, generosidad y amabilidad le situaban en esa categoría de seres humanos extraordinarios. Sin la confianza que tanto él como Colin Hare depositaron en nosotros hace más de 20 años, cuando iniciamos la aventura de Hanky Panky, con las reediciones de sus discos en solitario, a buen seguro que hoy no estaríamos aquí. Eternamente agradecidos por haber compartido con él esta maravillosa aventura. May you fly like a bird in the sky…


Pete Dello: Do I Still Figure in Your Playlist?

La historia que cuentan estas diez canciones empieza antes de que Honeybus tuviera nombre propio y termina cuando Pete Dello decide hablar en primera persona. De The Great Matchmaker de Grant Tracy & The Sunsets a Do I Still Figure in Your Life, hay un trayecto que explica cómo un músico obsesionado con la melodía fue afinando su puntería hasta convertirla en seña de identidad. No es una colección caprichosa: es un relato con principio, nudo y estribillo.

Ahí asoma Taste of Honey de The Roulettes, banco de pruebas; después llegan She Sold Blackpool Rock, She’s Out There, For Where Have You Been o Scarlet Lady, donde Honeybus despliega su mejor juego sin necesidad de aspavientos. Y, claro, I Can’t Let Maggie Go, esa pieza que se coló en las listas con educación exquisita y vocación de clásico. Cuando el foco se desplaza a There Is Nothing That I Can Do For You o It’s What You’ve Got, bajo la firma de Pete Dello and Friends, la conversación se vuelve más íntima, pero igual de precisa.

Lo ideal sigue siendo acudir a los discos físicos —las reediciones de Hanky Panky Records son casi un manual de cómo hacer justicia histórica— y dejar que el cartón y los créditos completen la experiencia. El streaming aquí actúa como degustación: un primer bocado antes del plato principal. Diez canciones que recuerdan que el pop británico de finales de los sesenta no fue solo psicodelia y mugre, sino también ingenio, melodía y una elegancia que, medio siglo después, continúa intacta.